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Parálisis facial 02/06/2013

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La parálisis facial es una disfunción temporal o permanente del nervio facial que afecta a unos 20 de cada 100.000 habitantes en España cada año. El nervio facial es el encargado de inervar la musculatura facial, por lo que su parálisis provoca una pérdida de tono muscular en el rostro.

Esta disfunción se manifiesta tanto estética como funcionalmente, y puede tener una enorme repercusión en la vida del paciente. 

Causas de parálisis facial

Existen numerosos tipos de parálisis faciales, y la parálisis de Bell o idiopática, cuya causa es desconocida, es el más frecuente, ya que representa el 50 % del total. Típicamente es unilateral y en la mayoría de casos se resuelve espontáneamente en un plazo de seis meses.

Se han propuesto numerosos agentes causales como responsables de este cuadro, entre ellos el virus del herpes, aunque no se ha demostrado.

Sí se ha demostrado, en cambio, que el tratamiento precoz de estas parálisis con corticoides orales incrementa las probabilidades de experimentar una recuperación completa.

Otras patologías que pueden dar lugar a una parálisis facial son ciertas enfermedades infecciosas, tumorales o neurológicas. En estos casos es primordial el tratamiento del proceso causal.

¿Cuál es el papel del cirujano oculoplástico en la parálisis facial?

Cuando la musculatura facial pierde su tono normal, el músculo orbicular del párpado superior pierde su capacidad de contraerse y por tanto de cerrar los ojos adecuadamente. Además, el párpado inferior también puede descender debido a la falta de tono muscular; esto se denomina ectropión. La incapacidad de cerrar el ojo completamente se denomina lagoftalmos, y se traduce en un problema de exposición de la superficie ocular. Una córnea expuesta es una fuente de problemas asegurada; las úlceras corneales pueden llegar a amenazar la visión de ese ojo.

Existen diferentes medidas para asegurar una adecuada protección de la superficie ocular. Desde el día uno de la parálisis es necesario instaurar pautas de lubricación intensas en el ojo afectado, que consisten en la aplicación frecuente de colirios y geles lubricantes. Es importante que se ponga en manos de un cirujano oculoplástico que siga la evolución de su parálisis y valore su capacidad para cerrar el ojo afectado y la afectación de la superficie ocular. En un gran porcentaje de casos, la sola lubricación será suficiente para proteger la superficie ocular mientras se espera a la recuperación de la función del nervio facial. En algunos casos esto no es suficiente y debemos actuar quirúrgicamente para prevenir o solucionar problemas corneales que amenazan la visión del paciente. Existen para ello una serie de cirugías mínimamente invasivas que en algunos casos pueden incluso realizarse en la consulta; la mejor opción para usted dependerá de las particularidades de su caso. Es importante saber, además, que todas estas cirugías son reversibles, por lo que no tendrán ningún impacto en su expresión facial en caso de que se recupere de la parálisis.

Por desgracia, en algunos casos las parálisis faciales son permanentes. En estos casos debemos buscar soluciones permanentes que aseguren un adecuado cierre de los párpados y mejoren el aspecto estético del paciente. Hoy en día la caída de la ceja o la desviación de la comisura bucal pueden mejorarse muchísimo con cirugías mínimamente invasivas.


Autor

Dr. José Nieto, M.D.
Número de Colegiado COMB: 38.579
Médico Oftalmólogo
Especialista en Cirurgia Plástica Ocular

Última modificación 16 Noviembre, 2017 - 17:43