Cuando el contacto con los investigadores destacados de todo el mundo, la escucha activa y la planificación a medio y largo plazo se convierten en cruciales para llevar a los pacientes las últimas terapias
El Congreso ARVO ha reunido, la primera semana de mayo a Denver (Colorado, Estados Unidos), a la élite de la investigación en oftalmología y ciencias de la visión. Es el encuentro más importante del calendario global en términos de oftalmología y, como cada año, el director del Institut de la Màcula, Jordi Monés, ha participado de forma activa, en reuniones fuera de programa en las que se planifican estrategias a medio y largo plazo para avanzar en terapias contra la ceguera. Es en estos foros donde se tejen complicidades con centros de investigación punteros que derivan en colaboraciones concretas. Y, en última instancia, estas investigaciones las podemos acercar a los pacientes en forma de nuevas investigaciones.
A menudo se ve el ensayo clínico como una oportunidad para que un paciente concreto reciba una terapia que no está al alcance de todos. En el caso del Institut de la Màcula, trabajamos fundamentalmente en ensayos contra las degeneraciones o distrofias retinales. Más allá de este beneficio concreto que puede recibir la persona que participa, estos estudios redundan en ventajas más generales: hacen avanzar la investigación e impulsan nuevas vías de las que sacarán provecho otros pacientes.
El futuro inmediato en el Institut de la Màcula: optogenética y distrofias hereditarias
Estas nuevas vías, y fruto del trabajo que se lleva a cabo en ámbitos como el Congreso ARVO, el Institut de la Màcula incorporará durante el último trimestre del año hardware de última generación para medir los indicadores clave de la progresión de las enfermedades de la retina. También se iniciarán varios estudios dedicados a la degeneración macular asociada a la edad y a distrofias hereditarias con terapias como la optogenética o la terapia génica.
Detrás de estos proyectos hay años de trabajo, de colaboración internacional y de compromiso con los pacientes. Un trabajo a menudo invisible, pero imprescindible para que cada nuevo contacto, cada reunión y cada línea de investigación pueda acabar convirtiéndose en una nueva oportunidad terapéutica y en más esperanza para las personas con enfermedades de la retina.

