El Institut de la Màcula ya aplica en Barcelona el primer fármaco aprobado para frenar la degeneración macular atrófica, una enfermedad que afecta a una de cada cuatro personas de más de 80 años y que hasta ahora no tenía ninguna terapia eficaz. El Dr. Jordi Monés ha explicado en una entrevista radiofónica la génesis del tratamiento y cómo han conseguido llevarlo a la clínica de la capital catalana.
La degeneración macular asociada a la edad (DMAE) en la forma atrófica provoca que la retina se vaya muriendo progresivamente. La visión central se desvanece de manera irreversible y, hasta hace poco, la medicina no disponía de herramientas para frenarlo. Ahora, por primera vez, existe un tratamiento aprobado por la FDA norteamericana que cambia este panorama, y el Institut de la Màcula es uno de los centros pioneros en aplicarlo al Estado.
Treinta años de investigación, una idea pionera
Monés explicó en el programa En bones mans (En buenas manos), de Onda Cero Catalunya (emitido el 27 de abril de 2026), el largo camino que ha llevado hasta este hito. «Desde que terminé oftalmología y fui a Estados Unidos —recuerda—, me he dedicado a la DMAE desde el primer día. Hace 30 años estábamos en pañales».
El punto de inflexión llegó alrededor del año 2006, cuando Monés colaboraba con una compañía norteamericana —fundada por compañeros suyos de Harvard— que investigaba fármacos para la forma exudativa de la enfermedad. «Yo insistí mucho en que uno de ellos lo aplicaran a las formas atróficas», explicó. En aquel momento, nadie apostaba por ello: la forma atrófica generaba menos urgencia terapéutica que la húmeda. Pero Monés impulsó un ensayo clínico en 2006 que dejó unos primeros resultados prometedores. Años después, aquel camino continuó y el fármaco ha acabado siendo uno de los dos primeros aprobados para la DMAE atrófica. «La idea de ponerlo dentro de un ojo para la forma atrófica de verdad que fue mía. Es un poco mi criatura».
Frenar, no curar: el primer paso de una nueva era
El tratamiento consiste en inyecciones intravítreas —directamente en el interior del ojo— con una periodicidad mensual o bimensual. Los resultados no implican curar ni revertir la pérdida de visión ya producida, pero sí frenar su progresión. «Rescatamos años de ceguera», resume Monés, trazando un paralelismo con el Alzheimer: «El día que tengamos un fármaco que haga que, en lugar de que te llegue en tres años, te pasen cinco, ya es un primer paso.» La humildad científica y el mensaje de esperanza se mezclan en el relato de un médico que ha dedicado toda la carrera a esta enfermedad.
El papel de la epigenética en la degeneración macular
La DMAE atrófica no es fruto exclusivamente de la genética. Monés subrayó durante la entrevista la importancia de los factores epigenéticos. Es decir, aquellos elementos ambientales y de comportamiento que modulan la expresión de los genes a lo largo de la vida. «La epigenética es aquello que modula la genética», explicó. Fumar, la alimentación, el sueño o el estrés crónico contribuyen a activar o silenciar genes implicados en procesos de inflamación y envejecimiento —lo que la literatura médica llama inflammaging— que se encuentran en la base de enfermedades como el Parkinson, el Alzheimer, la arteriosclerosis o la propia DMAE.
Monés usó una metáfora para ilustrar la relación entre genética y estilo de vida: «Si juegas al póker y te dan una escala de color, no hace falta que sepas jugar. Pero normalmente tienes doble pareja: si tienes una genética media y te cuidas, esta genética te será favorable». Los hábitos que más protegen, según detalló, son la dieta mediterránea, la ausencia de tóxicos, el sueño suficiente, el ejercicio físico, la vida social activa y tener un propósito diario: «Actividad física, propósito y vida social», concluyó, «y comer bien, claro».

